Opinion 03/08/2017

Facturan muy bien y lloran mejor

por
Marcelo Bettini

Algunos empresarios del turismo están empecinados en desbancar a los chacareros del podio de los llorones crónicos. Es que los productores agropecuarios suelen tener a mano un catálogo de lamentos para cada ocasión; lloran si les va mal y también si les va más o menos, porque pareciera que bien, lo que se dice bien, no les va a ir nunca. 

Lloraban a mares con Néstor y Cristina, que les metían la mano en el bolsillo y los ninguneaban adjudicándoles una desmesurada e inmerecida prosperidad por la gracia de un yuyo -la soja- que crece solito en medio del campo y deja enormes dividendos.

Con Macri la cosa debería haber cambiado, uno supone, por la morigeración del régimen de retenciones. Pero ahora, entre los vaivenes del mercado internacional y los altos costos locales, aún hay lágrimas para todas y todos.

No lo tome a mal, amigo chacarero. En el interior sí sabemos de la fuerza contagiosa del campo y agradecemos que Tandil tenga una economía diversificada con fuerte impacto de la producción agropecuaria. Al fin de cuentas, eso de que el hombre de campo es llorón es un lugar común, una vieja chanza al estilo de las películas del canal Volver.

Pues bien, los empresarios del turismo -algunos de ellos, para ser más justos- no se quedan atrás. Una muestra cabal es el discurso que baja del sector tras unas vacaciones de invierno a pleno, con tasas de ocupación cercanas al cien por ciento. Como no pueden decir que vino menos gente -porque no sería verdad y porque en turismo es importante la imagen de prosperidad- lagrimean porque "la rentabilidad es menor".

Ahora bien, son quejas que nunca se han fundamentado porque en Tandil no existen estadísticas sobre consumo de bienes y servicios del sector turístico, todo lo que hay es un sanateo a lo Fidel Pintos que ni siquiera nos sirve para hacer inferencias confiables. Sólo intuimos que la cosa va bien porque vemos la gente en los paseos y porque hay que hacer fila para entrar a un restaurante.

¿Y por qué no hay datos estadísticos? "Los empresarios son bastante reticentes a dar datos", dice un ex director de Turismo. Y un ex integrante del Instituto Mixto de Turismo confirma que "una vez se habló el tema y hasta avanzamos con el Municipio y la Universidad para llevarlo a cabo, pero al final no prosperó".

Es entendible que los prestadores no quieran mostrar las cartas ni que les cuenten las costillas. Tienen pavura de la voracidad confiscatoria de un Estado que cobra tributos suecos y retribuye con servicios congoleños. 

Por eso les decimos que no se tomen a pecho estas líneas. Quien las escribe -y creo que la sociedad en general- aprecia y valora el aporte que hacen a la economía. Pero por favor, en serio, paren con el llanto que es contagioso. Ya lo dijo el político y filósofo gastronómico Luis Barrionuevo en la revisión de su aforismo clásico: "Deberíamos dejar de llorar dos años".


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