Ciencia

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Microalgas para combatir la contaminación del Río Reconquista

Un grupo de investigación de la Universidad Nacional de San Martín estudia especies que viven en el agua contaminada. Son resistentes a metales pesados. Y podrían ser utilizadas en el tratamiento de efluentes industriales que llegan a la cuenca del río

Por: Fernando Fuentes
16 de septiembre de 2023

En el Río Reconquista el griego Parménides parece haberle ganado la batalla a su coterráneo Heráclito. Es que pasan los años y aquí es posible, aunque poco recomendable, bañarse dos veces en el mismo río. Su cauce de 82 kilómetros persiste contaminado, estancado, inmutable, en su tránsito por el oeste y el norte del Gran Buenos Aires. Esto es padecido por 18 municipios y más de 4,5 millones de personas. El impacto de las actividades humanas vuelve al agua del río un cóctel tóxico, que suma durante todo el recorrido residuos de insumos agrícolas, efluentes cloacales y vertidos industriales.

El segundo río más contaminado de la Argentina se muestra poco amigable para la vida. Pero de manera heroica especies de animales y vegetales sobreviven allí. Es el caso de algunos pequeños peces, como por ejemplo la mojarrita de agua dulce, o la madrecita del rio. Pero también aquí flotan libremente algunas algas microscópicas, o microalgas. En la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) estudian a fondo las características de aquellas resistentes a metales pesados. El mayor conocimiento habilita la posibilidad de pensar a estos microorganismos como una estrategia de biorremediación y alivio para el maltratado río.



María Mar Areco en el laboratorio de la UNSAM. Foto: Silvana Colombo.


Adaptadas a ambientes extremos

Las microalgas están constituidas por una sola célula y se encuentran distribuidas por todo el planeta. A pesar de su tamaño, tienen capacidad para realizar fotosíntesis, fijar el dióxido de carbono (CO2) atmosférico y utilizar la energía solar para producir materia orgánica. Las que habitan la cuenca del Reconquista, además, son resistentes a los metales contaminantes que llegan provenientes de distintas industrias. Se las arreglan bien con el plomo, cadmio, cromo, zinc y cobre, entre otros. "Las microalgas que nosotros aislamos en el río están adaptadas para vivir en ambientes extremos", comenta a El Editor, la científica María Mar Areco. Es investigadora de CONICET y se desempeña actualmente en el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (IIIA-CONICET/UNSAM).

En la mesada de su laboratorio, Areco dispone de varios matraces, recipientes de vidrio que forman parte de los equipos de laboratorios, con líquidos verdes y algunas sales para el cultivo de microalgas. Su tarea se concentra en la siempre necesaria ciencia básica, ya que busca descifrar las claves que permiten a estos microorganismos adaptarse con éxito a su entorno.

Pero la científica forma parte de un grupo más grande de investigación, con expectativas ya puestas en el papel que tienen las microalgas en el desarrollo de aplicaciones. En ese sentido explica: "A nosotros nos interesa estudiar el potencial biotecnológico de las microalgas, por ejemplo, para remediar metales pesados y producir metabolitos de interés. Pero necesitamos, a priori, saber cómo son estas cepas que pueden vivir en condiciones extremas".



Fotos: Silvana Colombo.



Las microalgas superarían a los métodos convencionales

Ya se conoce que estos microorganismos pueden atraer y retener metales pesados sobre su superficie. Además, favorecen la precipitación de los elementos químicos presentes en una solución. Esto vuelve factible el uso de microalgas -como por ejemplo Desmodesmus sp. y Chlorella- en la remoción de metales pesados de los efluentes industriales. Esto antes que lleguen al río, desde curtiembres, fábricas de baterías, industrias químicas, o empresas de galvanoplastia, entre otras.

La disponibilidad de un método basado en microalgas podría significar ventajas para las industrias. Las tecnologías que se utilizan en la actualidad se caracterizan por tener algunas limitantes. Incluyen requerimientos energéticos elevados, la remoción incompleta de metales, o la generación de grandes cantidades de lodos tóxicos. Con las microalgas, los elementos químicos podrían ser concentrados y eliminados como corresponde. O bien, recuperados y reutilizados en otros procesos industriales.

Pero los posibles beneficios no terminan ahí. Se muestran útiles para eliminar otros compuestos químicos del agua, como por ejemplo nitratos, o fosfatos. O bien para fijar grandes cantidades de CO2 y contribuir a mitigar el cambio climático. Por otro lado, las microalgas tienen la capacidad de generar una variedad interesante de metabolitos secundarios. Sintetizan lípidos, proteínas, azúcares, vitaminas y pigmentos, por citar algunos. Varios de ellos tienen valor comercial y pueden ser de utilidad para producir biocombustibles, o biofertilizantes, entre otras aplicaciones. "Buscamos generar en las industrias una economía circular, en dónde las microalgas no solo se usen para remediar el agua, sino también para otros fines biotecnológicos", comenta Areco.

Primero, no dañar

Según la investigadora, lo primero que hace falta para mejorar la salud del Río Reconquista es dejar de contaminar. Comenta que "recién luego se puede pensar en una remediación integral. Pero esto tiene que ir acompañado de leyes, políticas públicas, poder de policía, educación, concientización, e inversiones". Ve al empleo de microalgas, más que una solución definitiva, como una estrategia para reforzar la capacidad de autodepuración que tienen naturalmente los cuerpos de agua. "La naturaleza solo necesita tiempo para alcanzar su propio equilibrio. Pero los tiempos de la naturaleza, no son los nuestros, y con estos desarrollos podemos ayudarla a acelerar esos procesos", asegura Areco, a El Editor.

Es por eso que desde el partido de San Martín integra un equipo interdisciplinario que aborda la problemática desde distintas aristas. Allí interactúa diariamente con ingenieros ambientales. Ellos buscan como llevar esta tecnología finalmente desde los laboratorios a las industrias. Además, dirige a dos becarias doctorales y a tres estudiantes de grado que desarrollan sus trabajos de tesis y tesinas. Suele tener colaboraciones con centros nacionales (INTI, CNEA, Instituto Balseiro) y del extranjero (Universidad de Toulouse y Universidad de Nottingham) en investigaciones similares. Y, por si fuera poco, da clases de microbiología ambiental en la UNSAM.

En un momento de respiro, Areco se pregunta "por qué como sociedad seguimos generando desechos y consumiendo recursos". Considera que "deberíamos no sólo pensar en aplicar tecnologías más sustentables, sino también generar un cambio de paradigma. Ir hacía una sociedad más en contacto con la naturaleza y consciente de los valiosos que son los bienes y servicios que nos brinda". Por otro lado, el escritor Jorge Luis Borges - en su poema "Son los ríos"- parece haber tomado partido finalmente por Heráclito. Allí dice que "somos el agua, no el diamante duro, la que se pierde, no la que reposa".


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